Tradiciones

Superficie de una antigua plancha de trillar

 

Siega y “Malla”, Historia en Presente

Las páginas de la historia nos cuentan que una de las actividades agrícolas con mayor componente festivo en Galicia eran las tradicionales mallas. Trabajo de horas que contaba con la presencia de toda la familia, vecinos, amigos... reunidos en la mayoría de los casos bajo un sol de justicia para llevar a cabo la separación de la paja del grano, para después moler éste en el molino.

En O Pino, la Asociación Cultural Reviravolta recuperó en el año 2003 una jornada de confraternidad en la que se recrea la malla. Previamente, un par de semanas antes, un amplio grupo de vecinos de la parroquia de Lardeiros, bajo la atenta mirada de numerosos visitantes, realizan la siega de lo plantado meses atrás. La malla tiene varias fases y se materializa gracias a la energía y buen hacer de los integrantes de la citada agrupación cultural, asesorados por los que bien recuerdan esta laboriosa y ahora atrayente labor.

Básicamente, la malla, que solía realizarse en la conocida como eira, comienza tras tener ya el resultado de la siega colocado en una capa conocida como meda. Los malladores, antes de existir máquinas modernas para tal fin, se situaban por pares, uno frente al otro. Cuando los de un lado bajaban el mallo (un palo con elementos de hierro en la punta), los contrarios lo subían, y así sucesivamente.

Una vez mallado el trigo (cebada, centeno... etc) se retira la paja y se hacen monllos o feixes. Éstos, atados con una cuerda de paja improvisada, se amontonan configurando el tradicional palleiro.

En cuanto al grano, se recogía en cestos y se llevaba a la limpiadora, la máquina que retira la casca y deja el trigo totalmente limpio. Hace muchos años, este proceso de limpiado se realizaba dejando caer el grano desde alto para que el viento se llevara las impurezas.

limpiadora Las limpiadoras tienen un sitio por donde echar el grano. Un mecanismo que se acciona con una manivela mueve unas piezas que producen el aire preciso para llevarse las impurezas al exterior, mientras el grano pasa por una criba en las que se deposita lo que queda, para definitivamente salir por debajo de la máquina sólo el grano.

Es tradicional que cuando el proceso de la malla termina, se reúnan todos los participantes en una improvisada comida, aderezada con la música de los emblemáticos gaiteiros, que no faltan en ésta de O Pino. La cita, siempre en el mes de agosto. Un compromiso con la identidad, y con la historia. Sobre todo la escrita en clave de futuro.

 

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